Tripulación

Elcano

La Escuadrilla Elcano no fue solo una empresa de pilotos. fue una obra colectiva de seis hombres, tres pilotos y tres mecánicos, que combinaron preparación técnica, resistencia física y una extraordinaria capacidad de adaptación sobre rutas larguísimas, climas extremos y territorios muy poco conocidos para la aviación de su tiempo.
El proyecto nació del impulso de Joaquín Loriga y Rafael Martínez Esteve, tomó forma en 1924 como un gran raid hacia Filipinas y, cuando finalmente fue autorizado, incorporó también a Eduardo González Gallarza, mientras que Joaquín Arozamena, Eugenio Pérez y Pedro Mariano Calvo asumieron la parte menos visible pero decisiva de la expedición.
Como en otros grandes vuelos de la época, el éxito dependía tanto del temple de los pilotos como del trabajo silencioso de los mecánicos: revisar motores, resolver averías, preparar los aparatos en cada escala y sostener la operatividad de los Breguet XIX durante semanas. 

Rafael Martínez Esteve

Valencia (1894-1965).

Rango militar: Capitán.

Rol en el vuelo: Piloto.

Datos relevantes:

Fue, junto con Loriga, uno de los promotores del raid a Manila. Ya había participado en el vuelo de 1924 a Canarias y en 1926 protagonizó, junto a Calvo, la dramática odisea del aterrizaje forzoso en el desierto.

Joaquín Loriga Taboada

 Lalín, Pontevedra (1895-1927).

Rango militar: Capitán.

Rol en el vuelo: Piloto.

Datos relevantes:

Fue uno de los grandes impulsores del proyecto Madrid-Manila y, durante el raid, continuó solo hasta Bagdad cuando perdió de vista a sus compañeros y cuando tuvo que aterrizar en China por avería en el motor de su avión.  Tras la gesta realizó el primer aterrizaje de un avión en Galicia.

Eduardo González-Gallarza Iragorri

Logroño (1898-1986).

Rango militar: Capitán.

Rol en el vuelo: Piloto.

Datos relevantes:

Sustituyó al capitán Esteve mientras este convalecía durante la fase final de preparación, y más tarde desarrolló una larga carrera militar que le llevaría a ser ministro del Aire.

Pedro Mariano Calvo Alonso

Erandio, Vizcaya (1902-1986).

Rango militar: Soldado.

Rol en el vuelo: Mecánico.

Datos relevantes:

Formó equipo con el capitán  Esteve en el avión Breguet XIX número 4, bautizado como Fernando de Magallanes. Sebastián Elcano.

Eugenio Pérez Sánchez

Se conservan pocos datos biográficos.

Rango militar: Sargento.

Rol en el vuelo: Mecánico.

Datos relevantes:

Formó equipo con el capitán  Loriga en el avión Breguet XIX número 29, bautizado como  Sebastián Elcano.

Joaquín Arozamena Postigo

Mataporquera, Cantabria (1906-1947).

Rango militar: Cabo.

Rol en el vuelo: Mecánico.

Datos relevantes:

Formó equipo con el capitán  Gallarza en el avión Breguet XIX número 30, bautizado como López de Legazpi. El único aparato que logró llegar a la capital filipina.

Biografías

Rafael Martínez Esteve (Valencia 17-02-1894, Madrid 23-04-1965).

Ingresó en la Academia de Infantería de Toledo en 1911 y, tras sus primeros destinos militares, pasó a África. En 1920 fue admitido en el curso de pilotos de aeroplano de Los Alcázares, uno de los centros fundacionales de la aviación militar española, y desde entonces quedó incorporado a la generación pionera que consolidó el arma aérea en Marruecos y en los grandes vuelos de la década. 
 
Antes del vuelo a Manila ya había reunido una experiencia notable. Participó en el raid de 1924 a Canarias, el primer gran enlace aéreo militar español con el archipiélago, en el que los tripulantes, curtidos todavía en la campaña de Marruecos, pasaron directamente del combate a una empresa de largo recorrido. Esa mezcla de veteranía operativa y afán explorador define muy bien su perfil.
 
Martínez Esteve fue, junto a Loriga, uno de los promotores del vuelo a Filipinas. Por antigüedad y peso profesional estaba llamado a ser una de las figuras centrales del raid. Sin embargo, su nombre quedó ligado sobre todo al episodio más dramático de la expedición. la avería sufrida en la etapa El Cairo-Bagdad, el aterrizaje forzoso en el desierto y la durísima marcha de supervivencia junto a Pedro Mariano Calvo. Aquella experiencia fue tan intensa que la convirtió después en libro, Una aventura en el desierto, publicado en 1926.
 
Tras ser rescatado, no pudo reincorporarse al raid y a la llegada triunfal a Manila. Su trayectoria continuó después en la aviación militar, con nuevos destinos y responsabilidades, pero esa odisea del desierto quedó como uno de los episodios más recordados de su vida. En él se mezclan el coraje del piloto, la capacidad de resistencia y el reverso más duro de los grandes vuelos.

Joaquín Loriga Taboada (Lalín [Pontevedra] 23-09-1895, Cuatro Vientos [Madrid] 18-06-1927)

Nació en el seno de una familia vinculada a la carrera militar. Ingresó en la Academia de Artillería de Segovia y obtuvo la habilitación como piloto en la promoción de 1920-1921. Su paso por Marruecos, donde sirvió como capitán y pilotó en condiciones de guerra, le dio muy pronto fama de aviador competente y seguro.
 
Fue, junto a Esteve, uno de los verdaderos padres del proyecto Madrid-Manila. Después de que el comandante José Carrillo sugiriera la conveniencia de un gran vuelo hacia Oriente, Loriga mantuvo viva la idea y en octubre de 1924 la presentó formalmente a la superioridad junto a Esteve. Ambos defendían que el viaje debía llevar las alas españolas hasta Filipinas, no solo por su distancia, sino por el valor sentimental e histórico que aquellas islas tenían para España.
 
En el raid de 1926 fue uno de los pilotos más sólidos de la expedición. Cuando su aparato quedó inutilizado en la zona china, pasó al avión de Gallarza y así ambos completaron juntos las etapas finales hasta Manila. Esa combinación de iniciativa, resistencia y sangre fría resume bien su figura.
 
Su vida fue brillante y brevísima. En junio de 1927 realizó el primer aterrizaje de un avión militar en Galicia, recibido por una multitud en su tierra natal. Apenas unas semanas después, el 18 de julio de 1927, falleció en un accidente en Cuatro Vientos. Su muerte temprana contribuyó a fijarlo en la memoria pública como uno de los grandes pilotos románticos de la aviación española.

Eduardo González-Gallarza Iragorri (Logroño 18-04-1898, Madrid 24-05-1986)

Nació en una familia de tradición militar. Se formó en la Academia de Infantería de Toledo y, siendo todavía muy joven, pasó por destinos en Marruecos antes de ingresar en la Escuela de Aviación Militar en 1920. En pocos años se consolidó como uno de los oficiales con mayor proyección de la nueva aviación española y en 1923 ya ejercía como profesor en la escuela de vuelo de Cuatro Vientos.
 
Su incorporación al vuelo de la Escuadrilla Elcano se produjo en un momento clave. cuando el raid a Manila fue autorizado, Martínez Esteve convalecía de una larga enfermedad y Gallarza fue elegido para sustituirle temporalmente, siendo además el primero de los muchos oficiales que se ofrecieron voluntarios para acompañar a los promotores de la empresa. Desde entonces se volcó, junto a Loriga, en la preparación de los aparatos y en la puesta a punto de un vuelo que exigía una enorme disciplina técnica.
 
Durante el raid demostró un perfil sereno y constante. Su avión sufrió retrasos y problemas en la larga etapa de El Cairo a Bagdad, pero pudo reanudar el vuelo. Más adelante, cuando el aparato de Loriga quedó inservible en China, Gallarza compartió con él las dos últimas etapas hasta Manila, culminando así la llegada de la expedición. Aquel viaje lo situó entre las figuras centrales de la aviación española de entreguerras.
 
Su trayectoria posterior fue muy larga. Participó en nuevos proyectos aeronáuticos, desempeñó altos mandos y terminó siendo ministro del Aire entre 1945 y 1957. Décadas después impulsó la instalación del Museo de Aeronáutica y Astronáutica en Cuatro Vientos, un gesto muy coherente con una vida entera vinculada al desarrollo institucional de la aeronáutica española.

Pedro Mariano Calvo Alonso (Erandio [Vizcaya], 15-06-1902 – Madrid, 17-04-1986)

La figura de Pedro Mariano Calvo Alonso emerge con especial fuerza en el momento más duro del raid. Su nombre queda unido al de Rafael Martínez Esteve en el episodio del desierto. Tras el aterrizaje forzoso, ambos revisaron el motor, descubrieron la pérdida total de combustible y, al no poder despegar de nuevo, intentaron llamar la atención de los aviones ingleses con humo y señales. Cuando decidieron abandonar el aparato, Calvo aportó un conocimiento particularmente valioso. el texto lo define como antiguo estudiante de náutica, familiarizado con la posición de las estrellas, lo que resultó útil para orientarse durante la marcha nocturna.
 
Ingresa en el Ejército el 2 de febrero de 1924, en Ingenieros, en el aeródromo de Cuatro Vientos. Ese mismo año superó con brillantez el exigente ingreso en el Curso de Mecánicos, obteniendo el segundo puesto entre los aspirantes y también el número 2 de su promoción, recibiendo en diciembre de 1924 el título n.º 514 de Mecánico de Aviación. Por su preparación técnica quedó como instructor de dibujo y motores en la Escuela de Mecánicos.
 
En 1926 fue seleccionado como uno de los mecánicos de la Escuadrilla Elcano y voló con el capitán Rafael Martínez Esteve. Durante la etapa El Cairo-Bagdad, una avería obligó a aterrizar en el desierto sirio. Calvo y Esteve sobrevivieron varios días perdidos hasta ser rescatados.
 
Después ascendió a cabo y sargento en 1928. Sirvió en Marruecos, Sevilla y de nuevo en la Escuela de Mecánicos, donde ideó un elevador universal para aviones, por el que fue premiado. Durante la Guerra Civil alcanzó el empleo de brigada y, en 1938, el de alférez mecánico. Más tarde ingresó en la Academia Militar de Ingenieros Aeronáuticos, ascendió a ayudante de 1.ª en 1945 y sirvió en León y en la Dirección General de Industria y Material del Ministerio del Aire. Contrajo matrimonio con María Gómez López el 28 de mayo de 1947 y se retiró el 15 de junio de 1964.

De Eugenio Pérez Sánchez conservamos menos datos biográficos. Aun así, su papel dentro de la Escuadrilla Elcano está bien acreditado. aparece como sargento mecánico en la nómina de la expedición y como uno de los tres especialistas elegidos para sostener técnicamente el raid.

La narración del vuelo permite situarlo con seguridad junto a Loriga en la llegada a Bagdad, donde ambos fueron recibidos por los oficiales británicos tras una de las jornadas más complejas de toda la ruta. Ese detalle, aparentemente pequeño, es importante. confirma que su trabajo no se limitaba al hangar o a la revisión en tierra, sino que formaba parte activa del ritmo operativo del vuelo, acompañando al aparato y compartiendo sus riesgos.

Joaquín Arozamena Postigo (Mataporquera [Cantabria], 1906 –Buenos Aires, 1947)

Joaquín Arozamena Postigo nació en Mataporquera en 1906. Antes de entrar en la aviación trabajó en La Naval de Reinosa, lo que ayuda a entender su temprana familiaridad con la mecánica. Más tarde pasó a la Aviación Militar y en 1925 ya figuraba como mecánico en Cuatro Vientos, justo en el ambiente técnico y humano en el que se preparaban los grandes raids españoles de aquellos años.
 
Su presencia recuerda que el raid a Manila no fue únicamente una empresa de pilotaje, sino también una prueba de mantenimiento y de resistencia material. Los Breguet XIX necesitaban revisiones constantes, conocimiento fino de motor y una enorme capacidad para improvisar soluciones en condiciones muy alejadas de un taller normal.
 
Tras su participación en el vuelo pidió licencia y se trasladó a Argentina, donde trabajó como mecánico de la Flota Aérea Mercante Argentina. Ese paso del servicio militar español a la aviación comercial rioplatense ilustra muy bien cómo la experiencia técnica adquirida en los grandes raids abrió después nuevas trayectorias profesionales fuera de España. Falleció en Buenos Aires en 1947.